Guachupía
Tras cuatro días de acampada, he vuelto (mwahahahahaha), aunque de muy buena gana me hubiera quedado otros cuatro, porque me lo he pasado como un enano. El único momento aterrador fue el de guardar el saco en su funda. Odio guardar el saco, porque es... es... difícil.
La verdad es que no pensé que seis personas durmiendo en tiendas de campaña y comiendo cosas cocinadas por Emy se lo pudieran pasar tan bien sin un ordenador cerca, pero resulta que sí. La verdad es los cuatro días se me han pasado volando, ni me he enterado casi. De la primera tarde no recuerdo mucho, sólo que el zumo estaba muy rico. Lamentablemente, el zumo no duró mucho. Eso sí, la primera noche fue genial. Osano comió sopa con mayonesa, y Emy lo inmortalizó grabándolo en vídeo. Ya en la tienda (esa noche dormimos Meg, Osano y yo en la tienda grande, que era la que tenía la colchoneta pinchada, por lo que se dormía en el suelo), Meg inventó dos nuevas palabras: La primera, Guachupía, es, según ella, el sonido de las olas del mar. Y la otra, Chimbiwimby, no sé qué coño es.
Esa misma noche entraron unos chavales probablemente borrachos en el terreno (que estaba muy cerca de un pueblo en fiestas, y me cago en la puta verbena), y Osano y Bigfoot "arriesgaron sus vidas" para echarlos y así salvarnos a todos de una muerte segura. Dos veces. No, tres.
La segunda noche fue la mejor. Osano, Meg y Bigfoot se fueron a un concierto y nos quedamos solos Ylluna, Emy y yo, la primera en la tienda grande y nosotros dos en la tienda de la colchoneta (alabada sea), hablando a grito pelado de tienda en tienda y metiéndole miedo a Ylluna con un posible retorno de los borrachos demoníacos. Luego llegaron los otros y estuvimos hablando un rato de series de dibujos del año de la pera hasta que me quedé frito (entonces hablaron sólo ellos).
El domingo fue un poco raro. No me había levantado muy animadillo, aunque la perspectiva de jugar a D&D me resultaba muy atractiva (últimamente vivo por y para la crónica de D&D. Creo que me estoy obsesionando y eso), así que cuando me enteré de que no íbamos a jugar, me desinflé del todo (por otra parte, estoy preocupado por Sailor Prune, que no ha dado señales de vida telefónica en estos cuatro días), pero luego se me pasó. Además tenía el estómago raro, de eso que aunque tienes un poquillo de hambre sabes que no te entraría nada, así que ese día no comí ni cené. Supongo que estaba un poco sosete, pero la verdad es que me sentía tranquilo y sereno y tuve toda la tarde para pensar en mis cosas mientras ellos jugaban cyberpunk (ese juego no me llama mucho, la verdad).
A la hora de cenar o de comer, creo, fui con las tres chicas a la caseta donde estaba la cocina y la fosa séptica venida a la tierra en forma de cabina de la ONCE, y mientras ellas empezaban a hacer la cena yo me serví un vaso de leche y me salí fuera de la caseta a bebérmelo, pero no fui hacia las tiendas, así que las oí hablar de mí a traves de la chatarra que conforma las paredes de tan exquisita obra de arte arquitectónico, y entendí prácticamente todo lo que dijeron. Se callaron cuando entré a dejar el vaso en la fregadera, y yo no dije nada y me marché, porque estaba tranquilo y sereno y eso es guachi.
Creo que el momento en el que estuve más a gusto ha sido esta mañana, cuando los seis intentábamos escondernos en la escasa sombra que teníamos por la mañana, porque estar en las tiendas a esas horas era imposible, y unos tumbados, otros sentados y Meg viendo Memorias de una Geisha en el iPod de Emy, nos tiramos un buen rato haciendo nada. Tener que desmontar el campamento ha sido triste, la verdad.
Pero ha habido muy buenos momentos. Por ejemplo, la gran colaboración de Bigfoot en el destruyimiento de la lengua española, la posible violación de Ylluna o las conversaciones acerca de sexo que acababan con Meg ordenando a Emy e Ylluna que se masturben, que es sano y divertido, así como el hecho de que he descubierto que este finde he tenido un romance con Osano (y yo sin enterarme... ¡cachis...!), o que se necesiten tres féminas para hacer pasta, cuando habría podido hacerla yo solito. Seguro que ha habido más, pero recordar se me da muy mal.
Ahora llega la única parte oscura y malvada de este relato lleno de alegría y florecillas... ¡MI SALUD! Sí, porque el primer día la tortilla de la cena salió por donde había entrado, aunque no es nada preocupante porque me pasa a menudo. No necesariamente con tortilla. Aún así, llevo muchas lunas sin defecar, y eso no es bueno. Algo se cuece en mi interior.
Sea lo que sea lo que mis intestinos estén cocinando, espero repetirlo pronto.
Qué pila de paréntesis he puesto, ¿no?
La verdad es que no pensé que seis personas durmiendo en tiendas de campaña y comiendo cosas cocinadas por Emy se lo pudieran pasar tan bien sin un ordenador cerca, pero resulta que sí. La verdad es los cuatro días se me han pasado volando, ni me he enterado casi. De la primera tarde no recuerdo mucho, sólo que el zumo estaba muy rico. Lamentablemente, el zumo no duró mucho. Eso sí, la primera noche fue genial. Osano comió sopa con mayonesa, y Emy lo inmortalizó grabándolo en vídeo. Ya en la tienda (esa noche dormimos Meg, Osano y yo en la tienda grande, que era la que tenía la colchoneta pinchada, por lo que se dormía en el suelo), Meg inventó dos nuevas palabras: La primera, Guachupía, es, según ella, el sonido de las olas del mar. Y la otra, Chimbiwimby, no sé qué coño es.
Esa misma noche entraron unos chavales probablemente borrachos en el terreno (que estaba muy cerca de un pueblo en fiestas, y me cago en la puta verbena), y Osano y Bigfoot "arriesgaron sus vidas" para echarlos y así salvarnos a todos de una muerte segura. Dos veces. No, tres.
La segunda noche fue la mejor. Osano, Meg y Bigfoot se fueron a un concierto y nos quedamos solos Ylluna, Emy y yo, la primera en la tienda grande y nosotros dos en la tienda de la colchoneta (alabada sea), hablando a grito pelado de tienda en tienda y metiéndole miedo a Ylluna con un posible retorno de los borrachos demoníacos. Luego llegaron los otros y estuvimos hablando un rato de series de dibujos del año de la pera hasta que me quedé frito (entonces hablaron sólo ellos).
El domingo fue un poco raro. No me había levantado muy animadillo, aunque la perspectiva de jugar a D&D me resultaba muy atractiva (últimamente vivo por y para la crónica de D&D. Creo que me estoy obsesionando y eso), así que cuando me enteré de que no íbamos a jugar, me desinflé del todo (por otra parte, estoy preocupado por Sailor Prune, que no ha dado señales de vida telefónica en estos cuatro días), pero luego se me pasó. Además tenía el estómago raro, de eso que aunque tienes un poquillo de hambre sabes que no te entraría nada, así que ese día no comí ni cené. Supongo que estaba un poco sosete, pero la verdad es que me sentía tranquilo y sereno y tuve toda la tarde para pensar en mis cosas mientras ellos jugaban cyberpunk (ese juego no me llama mucho, la verdad).
A la hora de cenar o de comer, creo, fui con las tres chicas a la caseta donde estaba la cocina y la fosa séptica venida a la tierra en forma de cabina de la ONCE, y mientras ellas empezaban a hacer la cena yo me serví un vaso de leche y me salí fuera de la caseta a bebérmelo, pero no fui hacia las tiendas, así que las oí hablar de mí a traves de la chatarra que conforma las paredes de tan exquisita obra de arte arquitectónico, y entendí prácticamente todo lo que dijeron. Se callaron cuando entré a dejar el vaso en la fregadera, y yo no dije nada y me marché, porque estaba tranquilo y sereno y eso es guachi.
Creo que el momento en el que estuve más a gusto ha sido esta mañana, cuando los seis intentábamos escondernos en la escasa sombra que teníamos por la mañana, porque estar en las tiendas a esas horas era imposible, y unos tumbados, otros sentados y Meg viendo Memorias de una Geisha en el iPod de Emy, nos tiramos un buen rato haciendo nada. Tener que desmontar el campamento ha sido triste, la verdad.
Pero ha habido muy buenos momentos. Por ejemplo, la gran colaboración de Bigfoot en el destruyimiento de la lengua española, la posible violación de Ylluna o las conversaciones acerca de sexo que acababan con Meg ordenando a Emy e Ylluna que se masturben, que es sano y divertido, así como el hecho de que he descubierto que este finde he tenido un romance con Osano (y yo sin enterarme... ¡cachis...!), o que se necesiten tres féminas para hacer pasta, cuando habría podido hacerla yo solito. Seguro que ha habido más, pero recordar se me da muy mal.
Ahora llega la única parte oscura y malvada de este relato lleno de alegría y florecillas... ¡MI SALUD! Sí, porque el primer día la tortilla de la cena salió por donde había entrado, aunque no es nada preocupante porque me pasa a menudo. No necesariamente con tortilla. Aún así, llevo muchas lunas sin defecar, y eso no es bueno. Algo se cuece en mi interior.
Sea lo que sea lo que mis intestinos estén cocinando, espero repetirlo pronto.
Qué pila de paréntesis he puesto, ¿no?



2 Comments:
Como ya he comentado en el blog de Dita, han sido cuatro dias grandiosos, goloson mio XDDDDD. Por cierto, que me has robado un posible titulo del post que iba a poner yo sobre la acampada :P.
Dios! se pegan por el titulo de un post!
Es Horribreeeee!
XDD
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