Maldita, maldita sea la percepción extrasensorial de Meg. O, en su defecto, malditas sean sus fuentes, mierda (y lo digo con todo el amor del mundo, que conste).
La vida está hecha para ciertas clases de personas, y como yo no pertenezco a ninguna de ellas, no me queda otra que buscarme un hueco. Así que, a mis dieciséis primaveras, busco mi lugar en este tetris que es el mundo.
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