martes, enero 02, 2007

Cuando en Nochevieja mueren angelitos

Nunca he entendido por qué la gente hace propósitos de año nuevo, si luego nunca se acuerda de ellos hasta que vuelve a ser fin de año. Yo jamás he hecho propósitos, ni el balance del año, ni ninguna chorrada de esas; ¿para qué? Claro que tengo mis objetivos, y mis cosas que cambiar y mantener de mí mismo. Las cosas cambian, pero no toman el 1 de enero como referencia.

Miento, sí que tengo un propósito. Deseo volver a ver a mi ordenador, que necesita un transplante porque le duele la RAM. Durante las fiestas he estado en casa sólo tres días, y me dio tiempo justo a llevar el ordenador a casa de Emy para que su madre lo formateara, visitarla sólo para tener que llevarlo al técnico porque según lo encendió hizo kapoot y a pasarme una noche vomitando. Y me duele. Me duele porque tengo una flamante memoria externa de 320 gigas muerta de risa en el escritorio, sin torre a la que enchufarla. La verdad no recuerdo nada de la Nochebuena, salvo aburrimiento.

En Nochevieja fue distinto. Vinieron a cenar mi tío Bulancio y su hijo, sobrino de mis padres y primo de mi hermana, Mafioso. Ese no es nada mío. O al menos, me gustaría que así fuera. Mi hermana le hizo un dibujo que podemos calificar de premonitorio: él en la cárcel. Además, mi tía hayó una alternativa a las doce uvas de la suerte. Le parecía anticuado, así que en vez de las uvas se tomó doce chupitos de vodkam así, a palo seco. Trece, en realidad, cortesía de mi madre. No sé cómo, a razón de un chupito por campanada, logró tomarse los trece a tiempo.

Más tarde, mientras mi tío Hunty y mi primo hacían el mamarracho en la terraza con la pistola de fogueo, igual que el resto de vecinos del pueblo (qué pasa, ¿en este país no hay una sola casa sin pistola de fogueo?). Fue entonces cuando mi tía cogió la pistola y se puso a disparar al aire como una loca mientras decía "¡Los voy a matar a todosssss! ¡No va a quedar uno vivooooo!". Cuando le preguntamos, dijo que estaba matando angelitos. Culpa del vodka, supongo. Durante esta escena, Madre no dijo una palabra; estaba demasiado ocupada borrando los números del calendario de bomberos bilbaínos a lengüetazos.

Por algún motivo me alegré mucho de escabullirme para ir a dar una vuelta con Foxxy y hacernos fotos raras, aunque la pobre es una negada con la cámara. Ni poner el flash sabía.

Ya pondré alguna; ha llegado el momento de estrenar el año: tengo que limpiar el wáter.
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